14 de diciembre de 2014

Judas y Caín

No he visto en toda mi vida, perros mas mansos y tontos que Judas y Caín.
El gordo Rinaudo los había comprado de cachorros, a unos vendedores ambulantes que estaban en la peatonal, quienes le hicieron creer que eran cruza con Rottweiller. En realidad, eran cruza, pero vaya a saber uno con que. Raza Delmon, diría mi hermana... del-mon-tón... en fin, permítaseme el chascarrillo.
La cuestión es que el gordo les quiso poner un nombre bravo, que meta miedo de solo oirlo, y aconsejado por un contador amigo, quien ya le había puesto nombres ridículos a sus perros, terminó eligiendo Judas y Caín.
Pero nada mas alejado de la maldad que estos chuchos recogidos de la calle. Alegres, recibiéndote siempre moviendo el rabo y sacando la lengua, lamiéndote de amor y felicidad; podías quitarles un hueso de la boca sin que te hicieran el más mínimo daño.
Rinaudo tenía una casa como con cincuenta metros de fondo, así que Judas y Caín retozaban libremente. Siendo que eran tan tontos su perros, llamaba la atención que nadie se hubiera metido a robar alguna noche a la casa del gordo. Tal vez porque los perros eran grandotes; aunque sin ser feroces generaban algún respeto a la distancia.


Un día estábamos en un asado de amigos en lo de Rinaudo. Ese dia había sido invitado el padre Gavilán, un cura santiagueño conocido de la familia del gordo. El sacerdote miraba a los perros desde lejos, con los ojos entrecerrados, y entre costilla y costilla se persignaba diciendo -Ió no me fiaría de esos perros, chango-.
Y esa misma noche, pasó algo increíble.
Un ratero que merodeaba por los techos, y al parecer conocía de las bondades de los perros, se animó a colarse por el fondo. También sabía que esa noche no había nadie en la casa de los Rinaudo porque se habían ido a una fiesta de casamiento.
El ratero convidó con un suculento hueso a Judas, quien lo había recibido, como habitualmente a cualquiera, saltando de alegría y moviendo el rabo. Apenas le llamó la atención al maleante, que Caín no apareciera -estará durmiendo- pensó.
Comenzó a caminar el sujeto hacia la casa, Judas lo acompañaba, jugueteando con él y robándole caricias en el lomo, pero a unos pocos metros de la ventana por la cual el ladrón se pensaba colar a la casa, Judas se detuvo y se sentó en el piso.
Un gallo cantó tres veces, el ratero, poco versado en asuntos bíblicos, pasó por alto el detalle, y siguió hacia la ventana. Tan confiado estaba de su éxito que tampoco notó que Caín, con un cascote de considerable tamaño sujeto a su mandíbula, estaba apostado sobre el techo de la casa, a la altura de la ventana. Dejó caer tremenda piedra Caín sobre la cabeza del ladrón, con tanta precisión, que lo hizo morir casi en el acto.
-Traidor- alcanzó a balbucearle a Judas antes de morir. Este lo miró, moviendo el rabo, con una carita como diciendo -hombre, ¿de que te sorprendes? esto ya habia sido escrito hace miles de años-.

10 de julio de 2014

Cuando Se Nos Pasa el Arroz

En una playa, cercana a Málaga, junto a un matrimonio con su hijo de 9 o 10 años.
El padre hablaba a viva voz por el teléfono móvil, con lo cual se le podía oir sin mayor esfuerzo.
(Padre): -Niñooooo, dile algo fuerte a tu tío Antonio... 
- Algo fuerte tío Antonio!  
(Padre): - Noooo niño, algo fuerte dile tú!......
 - ... ...
(Padre, enojado): Yaaaa... que se te pasa el arroz, tonto! 
- Tío Antonioooo... que se te pasa el arrooooz, tontoooo!
(Padre, furioso): -Cangondió gamberro, es a tí quien se te va a pasar el arroz... Dile algo fuerte a tu tío Antonio, que hoy es su cumpleaños!!!
Y el niño poniendo cara de iluminado, luego de pensárselo unos 10 segundos, gritó al teléfono:
- Feliz cumpleaños tío Antonio!

10 de mayo de 2014

El Chiste de Gangoso que va al Kiosco a Comprar Chicles

El santiagueño Gavilán era un buen contador de chistes. Tenía un repertorio un tanto limitado, pero muy graciosos todos. En la sobremesa de los asados de los miércoles siempre había un espacio para que el santiagueño hiciera su show. Repetido. Nos sabíamos todos los finales. Pero la forma en que Gavilán los contaba, los gestos, las pausas, la entonación... cada relato era mas gracioso que el chiste en si mismo.
El del gangoso que va al kiosco a comprar chicles era, sin dudas, el mejor de todos. La interpretación del gangoso que hacía Gavilán, combinada con su acento santiagueño, hacía que nos meáramos de la risa. A fuerza de repetición, no se desgastaba sino al contrario, se hacía cada vez mas divertido.
La cuestión es que el santiagueño un día, sin previo aviso, dejó de ir a los asados.
-Dicen que se fue de seminarista- dijo el zurdo Mendiondo.
Nos quedamos perplejos, anonadados, atónitos... medio pelotudos, para ser mas gráfico.
Ese día comimos el asado casi en silencio.
A partir de ahí el grupo se fue desmembrando de a poco, en forma casi natural. Uno se casó y tuvo un pibe, luego el que se recibió y consiguió trabajo en otra ciudad, otro al que se le enfermó la madre gravemente, otro a probar suerte a Europa... y los asados fueron agonizando hasta desaparecer.
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Lo curioso del caso es que, con los años, me olvidé el remate del chiste del gangoso. No hay caso, no puedo recordarlo, lo he buscado por internet incluso -he leído un centena de chistes de gangosos- y no lo encuentro; ninguno es el de Gavilán.
Lo comentábamos tiempo atrás con el zurdo Mendiondo, pues lo extraño es que a él le pasaba lo mismo: no se podía acordar del final de chiste.
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La semana pasada, el zurdo Mendiondo me envió un mensajito de texto al laburo: "cuando puedas llamame".
Lo llamé el instante, el zurdo no es de molestar por tonterías.
-¿Que pasó zurdo?
-A que no sabés quién volvió al pueblo- me desafió Mendiondo.
-Que se yo, zurdo... ¿tu ex mujer?.
-Nooooo... paparulo... ¡El santiagueño! Es el nuevo párroco de la iglesia de Santa Rosa. Tendremos la oportunidad recuperar el final del chiste del gangoso.
-Pero mirá que decís huevadas, zurdo. ¿Que te pensás, que va a contar el cuento en medio de la homilía?
-No, pero lo vamos a saludar y le pedimos que nos cuente el chiste, como en los viejos tiempos.
-No se- le respondí, a mi no me da la cara. No voy nunca a la iglesia. Además ¿que le vamos a decir: hola, te acordás de nosotros? somos del grupo de amigos del que un dia desapareciste sin dar aviso.
Ahí saltó, años después, que me había quedado con rencor. Mendiondo, menos diplomático y menos rencoroso que yo estaba dispuesto a llegar hasta el final.
-Escuchá- me dijo. Le voy a hacer una gastada al santiagueño. Mañana sábado, cuando esté confesando, me voy a sentar del otro lado del confesionario como si me fuera a confesar de verdad, y vas a ver que sorpresa le doy. Vamos a recordar viejos tiempos y me va a terminar contando el chiste del gangoso que va al kiosco a comprar chicles.
Quedamos en que yo me apostaría en la vereda de enfrente a la parroquia, esperando su salida. Si todo salía bien, me hacía señas, yo me cruzaba, y formalizábamos el reencuentro de viejos amigos.
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Esperé como media hora apoyado contra la pared, manos en los bolsillos.
De pronto, salió el zurdo por la puerta principal de la parroquia, agitando los brazos y gritando enloquecido: "Me contó el final, me lo contó".
Tan entusiasmado estaba, que cruzó la calle hacia mi corriendo, y sin mirar.
Una camioneta que venía en contramano lo agarró de lleno.
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Definitivamente Dios ha decidido que yo no rememore el final del chiste del gangoso, por algo será. No he vuelto a insistir en el tema, no me gusta desafiar los designios del Señor.

28 de marzo de 2014

El Cornudo Feliz

Han de ser escasísimas las historias en las que un sujeto víctima de la infidelidad de su pareja, llámese cornudo para ser mas coloquial, se sienta extremadamente feliz y afortunado de serlo. Les he narrado en otra entrada de este blog, sin ir mas lejos, una historia de un cornudo feliz pero que ignora serlo. Sin embargo, hoy tengo para contar una de esas rarezas de las que me llaman la atención. Llamaremos Bombito al personaje en cuestión, para no ponerle ningún nombre de pila que podamos asociarlo a alguien conocido. Bombito, pues, ha practicado el cornudismo prácticamente desde que inició sus relaciones sentimentales. Su novia de toda la vida, que luego se convirtió en su esposa, ha tenido sexo con otro hombre a menudo. Aclaremos que lo engañó siempre con el mismo sujeto -el Ricky- para que no crean ustedes que hablamos de una ramera o atorranta cualquiera. Dentro de su infidelidad mantuvo siempre cierta línea de conducta.
La cuestión es que la pareja de Bombito, primero en el noviazgo, luego en el matrimonio, era muy prolija y disimulada en la práctica de la infidelidad. Esto sumado a que Bombito no se destaca por su capacidad de análisis de su entorno, le otorgaba a ella el marco perfecto para que mantuviera un delicado equilibrio entre el matrimonio y la aventura con el Ricky.
Algunos pocos allegados no muy cercanos a Bombito lo sabían, pero el asunto no trascendía. 
Hasta que se enteró César Bateya, un íntimo amigo de Bombito. Bateya no podía decírselo así nomás, sin anestesia, conocía desde hace mucho tiempo a Bombito y su esposa y no quería colgarse el cartel de iniciador de un divorcio. Mas, como no podía callar, optó por el popular y siempre efectivo mensaje anónimo. Le hizo llegar un papelito dentro de un sobre que decía "Bombito, vigilá un poco mas de cerca a tu jermu. Capaz que te caga. Te lo digo de onda."
Bombito acusó el golpe. Reconoció en el texto la forma de expresarse del César Bateya, mas no le comentó nada a nadie. Estuvo meditabundo y casi sin hablar varios días hasta que pareció digerir el mensaje y reaccionar.
Un día le dijo a su esposa que tenía que trabajar horas extras, que iba a volver tarde; mentira.
Se quedó espiándola, la vio subir al automóvil verde metalizado del Ricky. Los siguió. Entraron en un albergue transitorio. Se quedó parado en la vereda frente al hotelucho. Todavía no sabía que les iba a decir cuando salieran. Con el corazón estrujado, esperando ahí paradito, frente a la salida del hotel, levantó la vista y vió una agencia de lotería. Para hacer tiempo se cruzó a jugar un Quini 6. El local estaba lleno y para cuando salió de la agencia, el auto verde metalizado estaba saliendo. Suspiró. Se guardó el billete del Quini 6 en el bolsillo de la camisa y se tomó un colectivo a su casa.
Al otro día se enteró de que fué el único ganador del sorteo: a sus bolsillos la friolera de 34 millones de pesos.
¿Y que creen que hizo? ¿Venganza contra ella y el Ricky? ¿Contrató sicarios para asesinarlos? ¿La humilló con solicitadas en los diarios, demostrándole lo que se perdió por haberle sido infiel? ¿Se gastó los millones en fiestas con costosas prostitutas?
Nada de eso.
Su razonamiento fue: si ella no me hubiera sido infiel, yo no la habría perseguido. Si no la hubiera perseguido, no habría visto esa agencia de loterías. Si no hubiese visto esa agencia, no habría cruzado a jugar la boleta ganadora. 
Por lo tanto, gracias a que mi mujer me hizo cornudo ahora soy millonario.
Así que jamás le guardó rencor, al contrario, siempre fue un agradecido a su mujer por haberle sido infiel. Y también al Ricky, que además, como es contador, lo asesoró sobre como armar su cartera de inversión y le hizo rendir muy bien la platita. 
Y vivieron todos felices para siempre.

8 de marzo de 2014

Nada

Te quería decir que el otro día, cuando íbamos caminando por la vereda de la calle Francia, por la cuadra esa que está llena de fresnos que dan una sombra muy fresca en verano y que creo que son de la misma variedad que los que tiene mi tia Ester en el patio de su casa donde la semana pasada los albañiles le terminaron el quincho en el fondo y le quedó buenísimo, te digo, un dia de éstos tendríamos que ir a comer un asado aunque ahora, con el gasto que tuvo con los materiales vamos a tener que llevar la carne nosotros, sino, ni miras que la vieja amarreta tire unas costillas a la parrilla, y menos ahora que el concubino que era el que hacía los asados se le fue de la casa. No se si ella lo tenía medio podrido y se le mandó a mudar o que cosa... porque también dicen que él le metía los cuernos ¿sabés con quien? con la gorda Cabral que nos daba matemática en sexto grado de la primaria. Yo hubiera puesto las manos en el fuego que la gorda nunca iba a pegar un novio, que su vida eran las matemáticas y los problemas de ingenio pedorros que nos hacía resolver: ¿te acordás que el único que los resolvía era el Carlitos Fernández?, que en realidad no los entendía, sino que tenía el cuaderno del hermano mayor que los había resuelto el año anterior, y Carlitos los copiaba de allí. El hermano si que era inteligente: entró en el Instituto Balseiro de Bariloche y todo, pero después se tuvo que volver porque rindió dos veces mal Termodinámica y creo que eso no lo permiten y te mandan de vuelta a tu casa. Eso lo frustró y cuando se volvió no quiso estudiar mas nada y terminó dando clases particulares de física y química en una academia que abrió en la calle Francia, por la cuadra esa que está llena de fresnos que dan una sombra muy fresca en verano.

2 de febrero de 2014

Si lo Dice una Mujer ha de Ser Cierto

Estaba contándole un cuento de hadas a mi hija de seis años, y llegué a una parte que decía mas o menos así:
- ...entonces la princesa se dio cuenta de que estaba enamorada del príncipe...-
(interrupción)
- No papá. La mujeres no se enamoran.-
- ¿Cómo que no se enamoran, hija?. Se enamoran, luego se ponen de novias, luego se casan...-
(interrupción)
-No papá. Los que se enamoran son los varones y la mujeres son las que deciden.-
-¿Y que deciden?-
-Y... deciden con quien se casan.-
-¿Y vos como sabés eso?
- Lo se porque es así, papi.-
(silencio)
- ...entonces el príncipe se enamoró de la princesa, y ella, luego de pensarlo, decidió finalmente que iba a casarse con él.-
- Así está bien, papi.-